Resurrección (1).

Resurrección (1).

Una de las palabras más importantes del cristianismo, gancho para muchos paganos de la segunda mitad del siglo I d. C, es resurrección. Su importancia es equivalente a su dificultad, como veremos a continuación.

Resurrección, de Marc Chagall.
Resurrección, de Marc Chagall, tomada de aquí.

Cuando Pablo de Tarso escribió (o dictó) la carta conocida como 1 Tesalonicenses nos brindó uno de los pasajes más estimulantes para la reflexión de quien se interesa por las religiones del Mediterráneo en la Antigüedad. Se trata del siguiente fragmento:

Pues si confiamos en que Jesús murió y se levantó, así también Dios, mediando Jesús, llevará con él a quienes están dormidos. Pues os lo decimos con la palabra del señor, porque nosotros, los vivos que quedamos hasta la vuelta del señor, no adelantaremos a los ya muertos; porque el mismo señor bajará del cielo con clamor, con la voz de un arcángel y la trompeta de la divinidad. A continuación nosotros, los vivos, los que quedemos, seremos arrebatados juntamente con ellos entre las nubes hasta el encuentro del señor en el aire; y así estaremos siempre con él (1Tes 4, 14-17).

Suele destacarse de él la inmediatez que el de Tarso veía en el proceso final, pues afirmaba que sus seguidores tesalonicenses y él mismo verían realmente los acontecimientos. Y el caso es que la suma importancia de esta premura oculta otro aspecto al menos tan básico, tan situado en la base del cristianismo.

La palabra “resurrección” es un término latino que debe su forma a una serie de derivaciones. Aunque parezca mentira, la raíz de la palabra tiene que ver con “dirección”, “derecho”, “regir”, “regla”/”reja”, “rectitud”, y también “erigir”, “erección”, “rígido”, “rigor”, “rey”, “real”, “regalo”, etc. El significado de la raíz, *reg-, de origen indoeuropeo, es “mover en línea recta, conducir”.

A esta raíz se unieron un sufijo y dos prefijos. El sufijo fue -tio, que en español acabó en -ción, que indica una acción, un acto. El primero de los prefijos era sub-, que indica, por supuesto, algo desde abajo. Así, sub-rec-tio sería que algo acaba recto tras un movimiento de abajo hacia arriba. La idea dio un verbo latino, surgere, del que proviene nuestro “surgir”. Cuando la situación política se complica nosotros usamos dos términos que provienen de aquí: desde dentro surge un movimiento político “insurgente”, que acaba en una “insurrección” llevada a cabo por “insurrectos”.

El segundo sufijo, unido a este sub-rec-tio fue re-, que en latín indicaba que algo se hace de nuevo. Así pues, resurrectio significaría algo así como “volver a ponerse derecho desde abajo”, o, más estilosamente, “volver a ponerse en pie”.

Este término sólo fue una traducción de la palabra correspondiente griega anástasis (ἀνάστασις), de la que deriva el nombre Anastasia, Anastasio. Se basa en la raíz indoeuropea *sta-, que indica “estar en pie” y aparece en “estar”, y también en el alemán “stehen” o el inglés “stand”. El prefijo griego ana– puede indicar dos cosas, que vienen bien en este caso: “hacia arriba” y “repetición”. El sufijo de sustantivación –sis indica que una acción se lleva a cabo. Así pues, anástasis significaría” volver a ponerse en pie”.

Este detalle etimológico quiere únicamente indicar algo que ya he planteado en otras ocasiones: el vocabulario cristiano ha vivido ya tantos siglos que su significado suele presentarse muy alejado de su origen. La resurrección sería, por tanto, simplemente el hecho de volver a levantarse. Aunque lo que importa es, por supuesto, de qué, por qué o de dónde.

Las respuestas son muy fáciles si seguimos leyendo a Pablo de Tarso: del sueño, pues los muertos de sus cartas solían estar descritos con la palabra correspondiente a “dormidos”.

Saludos cordiales.

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