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Reina de los cielos (1).

Reina de los cielos (1).

Qué ocurriría si la divinidad que tradicionalmente se considerara garante de la prosperidad fuera erradicada de la piedad de un pueblo. Qué divinidad podría responder a ese papel de responsable del bienestar de un pueblo.

Restos de Elefantina interpretados como del templo de Yahvé. Imagen tomada de The Jewish Temple at Elephantine, Stephen G. Rosenberg. Near Eastern Archaeology, marzo 2004, pp. 4-13.

Es lógico hablar de judíos en Egipto dada la honda tradición de buscar en el país del Nilo sustento en épocas de dificultades agrícolas. No sólo la mitología hebrea está trufada de relatos de este tipo; libros históricos del Antiguo Testamento y excavaciones arqueológicas proporcionan suficiente material al respecto como para pensar que emigrar a Egipto era un recurso habitual ante las adversidades en la madre patria.

En el capítulo 44 del libro de Jeremías el profeta incluye una supuesta amenaza de Yahvé a los emigrados a Egipto, entre los que destacaba una comunidad en Elefantina, una colonia de mercenarios. Jeremías avisaba de una muerte segura si seguían venerando divinidades extranjeras.

La respuesta, sin embargo, que esos judíos de Elefantina enviaron al profeta es muy interesante (traducción de Cantera-Iglesias):

Respondieron a Jeremías todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a otros dioses, y todas las mujeres presentes – una gran concurrencia – y todo el pueblo establecido en territorio egipcio, en Patrós: «En eso que nos has dicho en nombre de Yahveh, no te hacemos caso, sino que cumpliremos precisamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a la Reina de los Cielos y hacerle libaciones, como venimos haciendo nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros jefes en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de pan, éramos felices y ningún mal nos sucedía. En cambio, desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones, carecemos de todo, y por la espada y el hambre somos acabados.» «Pues y cuando nosotras quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y nos dedicábamos a hacerle libaciones, ¿acaso sin contar con nuestros maridos le hacíamos pasteles con su efigie derramando libaciones?»
 
En general se entiende que esos judíos que alrededor del año 600 vivían en la isla de Elefantina de Egipto eran soldados judíos integrantes de una guarnición. Con ellos vivían sus familias en el denominado “barrio arameo” disponían de un templo de Yahvé situado junto a la zona reservada para el dios egipcio Cnum. Se suele interpretar que esta colonia hebrea veneraba a algunas deidades egipcias. La arqueología ha conseguido notables pruebas de un culto mixto de divinidades hebreas, egipcias y babilonias que no deja indiferente: algunos papiros hablan de Nebo (dios babilonio), Bétel (divinidad oriental), Cnum y Satis (dioses egipcios), que eran importantes junto a Yahvé.

Pero el texto de Jeremías detalla algo que parece ser más bien una antigua razón para que los emigrantes judíos dejaran la tierra de los patriarcas: cuando residían en ella veneraban a una “diosa de los cielos” que les proporcionaba prosperidad y bienestar. Indica la carta que al abandonar su culto sobrevinieron las desgracias al pueblo. Exactamente lo mismo que se pregonaba de Yahvé. El argumento, por consiguiente, valía para cualquier divinidad, dato importante; y, además, revela que no sería Yahvé el único receptor de las plegarias de su pueblo. Lo relevante es que la denominación “diosa del cielo” parece unida a la religiosidad femenina, lo cual abre una interesante vía de estudio.

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