Adonias (1).

Adonias (1).

La presencia de jardines, maceteros, pebeteros para inciensos, en el exterior y el interior de los templos del Mediterráneo antiguo está ligada a profundas convicciones sobre la agricultura y la concatenación de los años y las generaciones humanas. Una muestra de esto son las modestas y muy desconocidas fiestas dedicada a Adonis, las Adonias.

Imagen de un vaso del s IV a. C. que muestra a un cupido ayudando a una mujer a subir una estilizada maceta de Adonis al tejado de su casa. Tomada de https://pbs.twimg.com/media/CYlKlwLU0AAZA38?format=jpg&name=smallhttps://pbs.twimg.com/media/CYlKlwLU0AAZA38?format=jpg&name=small

El mortal Adonis llegó a Grecia ya para la época de Homero (s. VIII) si tenemos en cuenta que la poetisa Safo (hacia el 600) escribió un poema en el que su mito y culto estaban ya implícitos:

Ha muerto, Citerea, el tierno Adonis. ¿Qué haremos?
Golpeaos el pecho, muchachas, y rasgad vuestras vestiduras (Trad. de C. García Gual).

Parece, incluso, que el joven semidios habría llegado a Grecia junto a la también extranjera Afrodita, en época muy antigua. Los griegos sabían perfectamente que el nombre era foráneo, derivado de la misma raíz que Adonai, uno de los nombres del dios hebreo: la raíz adon, “Señor”, y ponían su origen en Biblos y Chipre.

El caso es que su mito vincula a Adonis con la muerte: Tías, el rey de Siria, se vio engañado por su propia hija Mirra o Esmirna y se acostó con ella durante doce noches. La joven había sido castigada por Afrodita con esa pasión incestuosa. Cuando por fin Tías se apercibió del engaño intentó matar a su hija, la cual, suplicando a los dioses, acabó transmutada en el árbol de la mirra. Tras diez meses, la corteza del árbol se levantó y dejó salir a la luz un niño que fue llamado Adonis. Afrodita confió al niño a Perséfone, diosa del inframundo. Cuando la criatura ya creció se convirtió en un joven apuesto que enamoró a la reina de los muertos, de manera que, cuando Afrodita reclamó al joven, Perséfone se negó a devolverlo. Hubieron de llegar a un acuerdo que dejaba a Adonis ocho meses bajo tierra y cuatro con Afrodita.

El culto a Adonis se concentró en las fiestas llamadas Adonias. Se celebraban hacia el día 22 de nuestro julio, coincidiendo con la canícula, que es el momento en que el sol entra en la constelación Canis, el Perro, de la cual deriva el sustantivo que da nombre a la época más calurosa del año.

Estas fiestas reproducían en pequeño el fenómeno del agostamiento de la vegetación en los campos durante estas mismas fechas. Para celebrarlas, las mujeres preparaban unos tiestos muy peculiares: eran bajos y anchos, con poca altura de tierra. En ellos sembraban semillas de hierbas que germinaban rápidas pero morían también velozmente debido al calor y a la poca tierra que disponían en los maceteros.

Estas macetas se colocaban en los tejados de las casas, a los que, durante la fiesta, también subían las mujeres para bailar y cantar, según indicó Menandro en su comedia La Samia:  

Y en cierta ocasión dio la casualidad que bajaba yo del campo a todo correr y me las encontré reunidas en casa con otras mujeres celebrando las fiestas de Adonis. Y como es natural había una juerga enorme en la reunión. Así que me quedé de mirón con ellas, pues semejante jaleo me desveló. Subían al tejado unas plantas, bailaban y no paraban de divertirse en toda la noche (trad. J.  L. Navarro).

Desde un punto de vista social, parece que la fiesta se aprovechaba como una de las pocas ocasiones en que las mujeres griegas podían hacer algo libremente. Parece que tanto las mujeres casadas como las heteras participaban de la fiesta nocturna, que no era del Estado sino privada. Entre cantos y bromas también se lamentaba la muerte del joven Adonis, como al de las plantas de los tiestos. Aristófanes indica (Lisístrata 387-396) que gritaban ¡Ay Adonis!, ¿Adonis muerto, sollozad! Mientras bebían y se emborrachaban. Platón dedicó un pasaje despectivo a la fiesta:

Sócrates: el agricultor sensato ¿sembraría acaso en serio durante el verano y en un jardín de Adonis aquellas semillas por las que se preocupara y deseara que produjeran fruto, y se alegraría al ver que en ocho días se ponían hermosas? ¿O bien haría esto por juego o por mor de una fiesta, cuando lo hiciera, y en el caso de las simientes que le interesaran de verdad recurriría al arte de la agricultura, sembrándolas en lugar conveniente, y contentándose con que llegaran a término cuantas había sembrado una vez transcurridos siete meses? (Trad. L. Gil Fernández).

El último acto de la fiesta era acercarse a la costa para lamentar allí que Adonis se iba al inframundo de nuevo, hecho asociado con el depositar las briznas agostadas de los tiestos en el oleaje (Dioniso, dios de los difuntos, también llegaba a Atenas desde el mar).

Lamentablemente nuestra información sobre estos “jardines de Adonis”, el culto al héroe muerto y los ritos de las Adonias casi acaban aquí.

De todas formas, la fiesta provenía de Oriente, así que no parece que los griegos hubieran conocido bien todo el significado de esos ritos. De hecho, tenemos un paralelo muy interesante en la Biblia: Ez 8, 14 menciona la fiesta de Tammuz:

Me llevó a la entrada del pórtico de la Casa de Yahveh que mira al norte, y vi que allí estaban
sentadas las mujeres, plañiendo a Tammuz (Trad Cantera-Iglesias).

Tammuz era el Dumuzi mesopotámico, cuyo mes era más o menos nuestro julio. Su muerte se asociaba al agostamiento de la vegetación en esa época.

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